La “estraña” pareja: norma y variedad en clase de ELE

Respeto y comprensión (Mafalda by Quino).

Una de las preguntas que se hacen muchos docentes e investigadores es: “¿Qué español enseñar?” Si uno entra en Google y escribe dicha pregunta, caerá en la cuenta de la gran cantidad de artículos, congresos, y libros que existen en torno al tema. Pese a todo, la pregunta sigue sin obtener una respuesta satisfactoria.

No nos vamos a centrar en el debate que existe entre el español de la península y el de América, ni en si los materiales didácticos se basan o no en la norma culta centro-norte peninsular.

Sin embargo: ¿os habéis preguntado alguna vez qué sucede con las variedades de los territorios bilingües de España? En las clases impartidas para ser docente de ELE, se nos inculca la importancia de:

  • Un contexto discursivo.
  • La utilización de material real para la realización de actividades que proporcionen a nuestros estudiantes una realidad lingüística en distintas situaciones de comunicación; es decir, la variedad de  registros  de una lengua.

¿Es esta la realidad? La enseñanza de las lenguas en nuestro país ha estado –y sigue estando- profundamente arraigada a la corrección estrictamente normativa y se tacha de incorrección todo aquel fenómeno ajeno a dicha norma. Si se siguen estrictamente patrones normativos: ¿dónde queda el componente social y, en definitiva, el verdadero uso de una lengua con la que, supuestamente, debemos trabajar con nuestros alumnos?

Pongamos el siguiente ejemplo: somos docentes de ELE en Cataluña y somos bilingües castellano-catalanes. Nuestros alumnos se van a ver involucrados en situaciones de bilingüismo y quién sabe si van a acabar diciendo estructuras tales como “abrir la luz” por “encender la luz” o “te encuentro a faltar” por “echar de menos”.

Estas interferencias no dependen de un grupo social en concreto, sino que se pueden dar en cualquier hablante, independientemente de su clase social, nivel económico o académico. Muchos de los hablantes son conscientes de sus “errores” –permitid que lo entrecomille–, pero emplean dichas estructuras porque se encuentran en una situación de comunicación informal.

Un Cacaolat con “cañita”.

¿Se deben poner, pues, al mismo nivel, incorrecciones del tipo indicativo/subjuntivo o pertenecientes a un grupo sociocultural bajo frente a un fenómeno de transferencia lingüística fruto de un contexto sociolingüístico determinado por una comunidad de hablantes?

¿Se debe obviar esta realidad latente a nuestros estudiantes y explicar estrictamente la norma académica?

En el caso de que se presente en el aula o de que el alumno pronuncie algún fenómeno de interferencia, ¿es de recibo transmitirle la idea de que es una incorrección o sería mejor presentárselo ante el respeto y explicarlo, junto a lo normativo, como una variedad más de nuestra lengua, tan rica en matices, remarcando, obviamente, por qué se produce tal variación y el contexto comunicativo en el que puede emplearse?

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